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Ayudando a sus
hijos a manejar su propio enojo
El enojo es como el mercurio en un termómetro. Cuando
uno lo deja sin supervisar, la intensidad de la emoción
pasa de frustración a enojo y luego a otras cosas
como ira y amargura. En cuanto más intenso, la gente
más se separa y las relaciones se acaban. El tener
un plan para manejar el enojo puede limitar la intensidad
y prevenir mucha de la destrucción que el enojo tiende
a ocasionar.
La mayoría de las familias no tienen un plan para
manejar su enojo. De alguna manera continúan, esperando
que las cosas mejoren. Muchas familias no lo resuelven,
sino que intentan empezar de nuevo. Esto puede servir a
veces, pero lo que sucede es que se ignora el problema en
lugar de enfrentarlo.
Aquí les presentamos algunas ideas para manejar el
enojo en su familia.
1. El enojo es bueno para identificar problemas, pero
no para resolverlos.
Uno de los problemas que enfrenta la gente es el sentimiento
de culpa que viene después de haberse enojado. Esto
complica aún más la situación. Dios
nos creó como seres con emociones, las cuales nos
ayudan a darnos cuenta de lo que está pasando a nuestro
alrededor. El enojo, en particular, muestra que hay un problema.
Revela cosas que están mal. Algunas de estas cosas
se encuentran dentro de nosotros y requieren que ajustemos
nuestras expectativas. Otros problemas están fuera
de nuestro control y necesitan ser tratados de manera constructiva.
Ayudar a los niños a entender que el enojarse es
bueno para identificar problemas pero no para resolverlos
es el primer paso hacia un plan para el manejo saludable
del enojo.
2. Identificar las primeras señales de enojo.
Los niños no saben reconocer el enojo. De hecho,
muchas veces hacen un teatro antes de darse cuenta de qué
estaba pasando. Identificar las señales previas los
ayuda a estar más conscientes de sus sentimientos,
lo cual a la vez les da más oportunidad de controlar
sus respuestas a esos sentimientos. ¿Cómo
puede uno darse cuenta de que se está frustrando?
¿Cómo pueden sus hijos identificar su propia
frustración antes de perder el control? Aquí
presentamos algunas señales en los niños que
indican que se están enojando y que están
a punto de perder el control:
• Cuerpo tenso
• Mandíbulas apretadas
• Incremento en la intensidad del habla o comportamiento
• Palabras poco amables, o crueles, o tono de voz
que pasa a quejido o gritos
• Inquieto, apartado, callado, fácil de provocar
• Hace ruidos con la boca como gruñidos o respiración
más pesada
• Pucheros
• Hacer caras, gestos de indiferencia
Aprenda a reconocer estas señales que muestran que
su hijo está empezando a frustrarse. Busque esas
señales que aparecen antes de que ocurra la explosión.
Una vez que las reconozca, enseñe a su hijo a reconocerlas
también. Eventualmente los niños podrán
reconocer su propia frustración y enojo y escoger
respuestas adecuadas antes de que sea demasiado tarde. Serán
capaces de pasar de la emoción a la acción
correcta, pero primero deben poder reconocer las señales
de que su enojo se está intensificando.
3. Retroceder.
Enseñe a su hijo a tomar unos minutos para calmarse,
lo que en inglés llaman tomar un “break”,
a separarse de la situación que está siendo
difícil y estar solo unos minutos. Una de las respuestas
más saludables para cuando uno está enojado,
es retroceder un poco y pensar las cosas. Durante este tiempo
el niño puede pensar de nuevo en la situación,
calmarse y decidir que hacer después. Este enfoque
no es un castigo por mal comportamiento, pero forza al niño
a hacer ajustes internos. Las frustraciones pueden volverse
demasiado fuertes, la ira puede ser destructiva y la amargura
siempre hace daño a quien está enojado. El
retroceder y tomar unos minutos para calmarse puede ayudar
al niño a detener el progreso de su enojo y pensar
cómo responder de manera diferente. Debe haber siempre
una conclusión positiva cuando el niño regrese
más tranquilo. Esta es una forma de mostrar que usted
confía en él.
El tiempo que el niño debe estar solo es determinado
según la intensidad de la emoción. Un niño
que está frustrado, puede simplemente respirar profundo
y proseguir. El niño que está histérico,
necesita salir del cuarto o lugar donde esté hasta
calmarse por completo.
4. Escoger una mejor manera de responder.
Después de que el niño haya tomado un momento
para calmarse, ahora sí es hora de decidir cuál
sería una mejor manera de responder a la situación
que causa su enojo. Pero, ¿qué deben hacer?
Cuando los hijos se enojan, muchas veces los padres reaccionan
de forma negativa, señalándole al niño
lo que hizo mal pero sin darle alternativas.
Existen tres opciones positivas:
• Platicar las cosas
• Pedir ayuda
• Hacerlo con más calma, despacio y perseverar
Al simplificar las opciones, el proceso de decisión
es más fácil. Hasta los niños chiquitos
aprenden a responder de manera constructiva a su frustración
cuando saben que tienen tres opciones. De hecho, estas opciones
son habilidades que hay que aprender. Los niños a
veces las usan mal, o usan sólo una demasiado. Tome
el tiempo de enseñarle estas habilidades a su hijo
y practíquenlas cada vez que tengan una situación
donde haya sentimientos de frustración, enojo, ira.
5. Nunca tratar de razonar con un niño que está
haciendo berrinche, o enfurecido.
A veces los niños se enfurecen. La mejor manera de
saber cuando están así es cuando ya no pueden
pensar racionalmente y su enojo los controla. Desafortunadamente,
muchos padres tratan de hablar con sus hijos para calmarlos,
lo cual sólo lleva a una mayor intensidad de la discusión.
El niño que está enfurecido, o haciendo berrinche,
ha pedido control de sí mismo. Puedes notar puños
cerrados, ceño fruncido, o una serie de comportamientos
terribles. El enojo es una de esas emociones que agarra
desprevenido a cualquiera. La intensidad puede pasar de
frustración a enojo a ira antes de que uno mismo
se dé cuenta. Ya sea el niño de dos años
haciendo berrinche o el muchacho de 14 años lleno
de coraje y echando pestes, no pierda tiempo tratando de
conversar. Sólo empeorará las cosas. Es importante
hablar acerca de lo que pasó, pero hasta que el niño
(o joven) esté tranquilo.
6. Cuando las emociones le sacan de sus casillas, deje
el diálogo por un momento.
Hay algunas ocasiones en que padres e hijos están
discutiendo acerca de algo y se encienden las emociones.
Las palabras crueles motivan respuestas crueles que echan
leña al fuego del enojo. Detenga el proceso, tomen
unos minutos para calmarse y reanuden el diálogo
después de que todos estén calmados.
7. Sea proactivo en enseñarles a sus hijos a manejar
su frustración, controlar su enojo, reducir su ira
y soltar toda amargura.
Actúe, platique, lea y enseñe a su hijo acerca
del enojo. Existen varios libros muy buenos sobre este tema,
los cuales están escritos para niños de distintas
edades. Hable acerca de ejemplos de frustración y
enojo que salen en videos o caricaturas para niños.
Hable con sus hijos acerca de cuáles serían
las respuestas adecuadas para cada caso. Trabajen juntos
en familia para identificar el enojo y escojan soluciones
constructivas.
8. Cuando los problemas parezcan demasiado grandes, pida
ayuda.
Algunas veces, un tercero puede proveer sugerencias y guías
que ayuden y motiven a su familia a lidiar con el enojo
de mejor manera. Los niños pueden comenzar a desarrollar
amargura y resentimiento en sus vidas y puede que necesiten
ayuda para saber lidiar con eso. Una situación de
enojo que no ha llegado a una conclusión positiva,
puede crear problemas en la relación en el futuro.
Los niños no crecen y olvidan la amargura, sino que
la amargura crece en ellos. Puede ser que necesite ayuda
profesional.
Este material ha sido tomado del capítulo cinco
del libro Home
Improvement (en inglés).
El libro también contiene otras ideas que pueden
ayudar a su hijo a controlar su enojo y maneras prácticas
de manejarlo que usted como padre puede enseñarle.
El CD titulado Helping
Children Deal with Anger (en inglés) también
está
disponible. Usted puede escuchar este CD con
sus hijos y desarrollar juntos un plan apropiado para el
manejo del enojo.
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